MAR



MAR
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Es que te tengo y no
constantemente te pienso
por la noche, los ojos abiertos
pasa la noche y grito amor al silencio...
tu imagen por momentos se desfigura
y sos mejor que todas las imágenes juntas
no veo a nadie más linda desde las uñas hasta el alma
el rumbo nos unió, nuestros caminos se cruzaron
en el orgullo te escondes o quizá en tristeza
muy pequeña, amarga, agridulce
cuerpo con capas
Se que sos mía
aunque te libere y no eres mía
me cansé de mirarte y muero poco a poco
Se que no debo verte
Pero te sigo viendo
y si no te miro
vuelvo a morir...
estás en todas partes
aunque no donde quisiera
tus labios son fuego
y tengo frío de tanta espera...
es hora ya de volver a amarte
es imperiosa la hora
no quiero perder más el tiempo
las heridas ya son cicatrices que casi no duelen
mi cuerpo sabiamente curó
te busco y no te encuentro
las noches pasan pero seguís ahí,
intacta,
única,
perfecta,
suave.
Es que los caminos nos cruzaron
y yo no te esperaba.
Malditas las horas perdidas,
la quietud de niño
el no haber podido concretar
sueños,
viajes,
frutos.
Ya todo ha pasado
el orgullo ya no es tema importante.
Qué importa el pasado si el futuro
es mejor y más sabio...
El remedio me hace volar
ganarle al tiempo
viajar con solo pensarte
Puedo pasar días sin comer
pero no sin imaginarte
¿Cómo estarás ?
Se que bien pero no me conforma ese vacío
que se que llevamos y compartimos
Acceder a la locura
dejar todo
Comenzar desde menos cero
sueños,
viajes,
frutos...
Un faro me lleva al mar
y me deja sin visión
pero me marca un gran camino
para recorrer y correr
¿a quién sino?
Es mejor llegar a una partida
que a una llegada vacía...
Respiro y suelto
se que te tengo y lo sabés
Que no pase más
Que se detenga todo
Vuelvo...
y otra vez vuelvo
Escapar no es la alternativa
pero no tengo opciones
Muero de a poco
en silencio,
en soledad,
en renuncia y reclamo interno
No me conformo
y sigo adelante
Se que te tengo
y estás ahí,
tanto adentro
como por fuera.
Vuelvo.
Desisto.
El destino ha sido trazado
No quiero quedar preso
La libertad es mi ley
No supiste comprenderla
y se que hoy seguís presa
de mucha soledad,
ansiedad,
deseos no cumplidos...
Has dado a luz
porque sos parte de tal luz.
Guiaste mis pasos
tortuosos, sinuosos, complicados
Estuviste ahí
justo ahí
bien cerca
y se que te negué
pero para protegerte,
mantenerte,
custodiarte.
Falta poco para vernos
todo pasa muy rápido
tenemos todo por ganar
yo ya estoy jugado
y voy sin miedo
por sueños,
viajes,
y frutos...

EL HAMBRE Y LA MANIPULACIÓN EN MASA



Las personas que padecen hambre harán cualquier cosa por comer, lo que significa que aquellos que tienen el control sobre los alimentos pueden utilizar esto como palanca. En 1974, Henry Kissinger sugirió el uso de alimentos como un arma para inducir la reducción selectiva de la población en un previamente clasificado informe de 200 páginas de la National Security Study Memorandum 200: Implications of Worldwide Population Growth for US Security and Overseas Interests (Estudio de Seguridad Nacional, Memorandum 200: Implicaciones del Crecimiento de la Población Mundial para la Seguridad de EE.UU. e intereses en el extranjero). La táctica principal a ser aplicada es que la ayuda alimentaria sea retenida en los países en desarrollo hasta que se presenten políticas de control de la natalidad.





También hay un precedente establecido por tomar en cuenta el rendimiento de planificación familiar en la evaluación de las necesidades de asistencia de la AID [Agencia de EE.UU. para el Desarrollo Internacional] y grupos consultivos. Dado que el crecimiento de la población es un factor que determina el aumento de la demanda de alimentos, en la asignación de los escasos recursos se deben tener en cuenta las medidas, qué pasos está dando un país en control poblacional, así como en la producción de alimentos.














Por lo tanto, la comida iba a ser utilizada como cualquier otro método de colonización imperial para obligar a los países a aplicar sus políticas a lo deseado por los controladores. En particular, esta táctica sólo funciona como un arma contundente en los territorios que soportan un severo colapso económico y con pocos recursos para la producción de alimentos. Hoy, sin embargo, parece que el mundo entero está recibiendo un arsenal de bombas de alimentos, esto parece ser un ataque múltiple en el acceso a los mismos. En otras palabras, lo que ha sido una táctica admitida por casi 40 años de control de ayuda alimentaria para la reducción de la población regional se ha vuelto más compleja y amplia.





Debido a la consolidación masiva de la agricultura corporativa, coordinada centralmente por regulaciones globales, una devaluada especulación de los productos en dólares y sin restricciones para los productos básicos, productos químicos y la modificación genética, y la escasez de alimentos reales o manipuladas, en efecto, hay una guerra que se libra; con la comida como el arma principal . Esto no es meramente una guerra de comida, sino más bien una guerra para la población en general. Por lo tanto, es crucial entender estas tácticas con el fin de defenderse de ellos.

Bajo Dictaduras


  • La verdadera libertad individual no puede existir sin seguridad e independencia económica. 
  • Las personas que tienen hambre y están sin trabajo son el material del que están hechas las dictaduras.


Diario Los Andes - Denunció que fue interrogado por dos agentes yanquis - Analía Boggia

Diario Los Andes
Por Analía Boggia - Tuesday, Nov. 15, 2005 at 12:54 AM
aboggia@losandes.com.ar

Policiales
MARTES, 15 de Noviembre de 2005
12:54 AM
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Denunció que fue interrogado por dos agentes yanquis 
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- Analía Boggia

- aboggia@losandes.com.ar

Un hombre asegura que fue interceptado en la calle e interrogado por dos ciudadanos norteamericanos que se presentaron como efectivos del Servicio Secreto de Estados Unidos y dos policías federales. El hecho habría ocurrido ayer en pleno centro, en San Martín y Peatonal, de la ciudad. Por eso, Pablo Peralta Lorca (24) presentó una denuncia en la comisaría 3ª de la ciudad, que quedó caratulada como “Averiguación de hecho”.

Sin embargo, desde la Policía Federal negaron cualquier procedimiento de estas características aunque una fuente confirmó la participación de los federales.

Según el relato de Peralta, el motivo del “apriete” sería una página de Internet en la que se cuelgan materiales contra Estados Unidos y un mail que habría enviado amenazando al pueblo americano y al presidente George W. Bush.

Ayer a la mañana, Peralta recibió un llamado. Del otro lado del teléfono se identificaron como empleados de una compañía de celulares y le dijeron que tenían que darle “algo” y que irían a su casa.

Al joven le resultó sospechoso y por eso decidió citarlos en el centro, más precisamente en San Martín y Peatonal. “Nosotros te buscamos”, le dijeron.

Efectivamente, a las 10.30 fue interceptado por cuatro sujetos en esa esquina. “Eran dos estadounidenses que hablaban en inglés, uno negro y otro blanco. Además habían dos hombres que hablaban castellano que dijeron que eran de Investigaciones de la Policía Federal y que oficiaban de traductores”, relató.

Después de presentarse, lo invitaron a un café de la Peatonal. Le dijeron que sabían que él había mandado un mail amenazando al pueblo estadounidense y a Bush. Le preguntaron por sus gustos de lectura, si militaba en algún partido político y hasta si tenía intentos de suicidio.

“Tengo una página de Internet con mi apellido, donde hay informaciones médicas por mi carrera pero nada más”, explicó Peralta. Y agregó: “Nunca mandé un mail a Estados Unidos con eso”.

Después de interrogarlo, en base a información que contenían de él en una carpeta, los sujetos le habrían exigido que “descolgara” su página de la red, que destruyera su casilla de mail y que abandonara cualquier práctica sobre el tema, porque sino podían condenarlo a dos años de prisión por una ley estadounidense.

Pero algo más insólito se suma al episodio, ya que también le pidieron ayuda. “Si vos sabés de alguien que esté en este tipo de actividades, mandanos la información a este fax”, le habrían dicho, entregándole un papel con un número de teléfono de Buenos Aires y hasta una tarjeta del Servicio Secreto de Estados Unidos. Después, se levantaron y se fueron. Según el relato de uno de los mozos del café, “eran un hombre de color y otro blanco. Estaban con dos hombres. Llamaban la atención porque eran extranjeros que estaban de traje, y no parecían turistas”.

http://pablo.peraltalorca.com

Complejo de superioridad: El sello de los inseguros

NATALIA ECHEVERRI VARGAS
@ElUniversalCtg

9 de Marzo de 2013 12:01 am



El “síndrome de sangre azul” es un mecanismo inconsciente, neurológico, en el cual tratan de compensarse los sentimientos de inferioridad de los individuos.

Aunque no precisamente todos los prepotentes o ‘creídos’ padezcan este complejo, sí se puede decir que su personalidad sufre algún tipo de distorsión.

Los complejos de superioridad e inferioridad pueden darse en la misma persona, pero manifestarse de maneras diferentes.

Estamos acostumbrados a ver a los miembros de la realeza pasearse por circuitos acordonados y tapizados en un rojo carmesí. Perfectos en todos los detalles, y estirados y erguidos como maniquíes vivientes.

Son educados como verdaderos privilegiados y sus palacios guardan en habitaciones y pasillos esos rumores de cuentos de hadas que han fascinado por décadas la mente de sus súbditos.

¿Pero qué pasa cuando esas miradas altivas y esa vida producida traspasan las barreras de los diarios y noticieros, y empiezan a pulular en un ambiente totalmente ajeno a esa ‘burbuja real’, como el supermercado o el sitio de trabajo?

¿Por qué algunas personas se anclan en un aspecto de desdén, fingiendo una seguridad que claramente no es natural? Se pueden aducir muchos factores para dar con una explicación, pero sin entretenernos en la forma, sería interesante perforar hasta el fondo de esos comportamientos.

En el interior, en ese recinto que asociamos generalmente con la cabeza o con el pecho, es donde -se supone- retoza nuestro ‘yo’ verdadero; y es por esto que en ese lugar, ni el dinero, ni las joyas, ni el desdén como barrera, encuentran un punto de inflexión contundente, desvaneciéndose hasta lo que son en realidad: ¡puros espejismos!

Una ‘real’ vergüenza
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Aunque parezca paradójico, la mayoría de personas con ínfulas de grandeza comparten un rasgo muy peculiar: su autoestima necesitó construirse una barrera y lo que parece un alto muro de concreto, no es más que una muestra de las fisuras por donde se filtra su confianza.

Sentirse superior es una cuestión, que como sentirse inferior, está directamente ligado con la autoestima. Pero aunque todos escuchamos y pronunciamos a diario ese sustantivo, lo cierto es que se forma desde que estamos muy pequeños. Y se encuentra directamente asociado con el entorno propiciado en el hogar y en otros lugares comunes, como el colegio.

La formación de la autoestima es un proceso que inicia desde que somos niños, y sus engranajes se hallan a menudo aceitados por las pautas sociales enseñadas desde el mismo momento en que mostramos signos de entendimiento.

Pero así como las reglas establecidas abonan el terreno para nuestra presentación ante el mundo, lo positivo o negativo de esas experiencias tendrán mucho que ver con la imagen construida de nosotros mismos, con la tranquilidad y empatía que esta nos produzca, y con la aprobación del público general.

Algunas corrientes sicológicas definen la autoestima como la suma entre la autoconfianza y el autorrespeto, y la relacionan con la contundencia de la salud mental y el bienestar sicológico.

Son muchos los jovencitos que ‘gracias’ a burlas recurrentes en los colegios donde estudian, y adultos en el lugar donde trabajan, se sienten minimizados y empiezan a crear una realidad que les permita ser menos vulnerables. De ahí que las manifestaciones de apoyo y de afecto hacia los hijos sean una de las armas más efectivas para robustecer la imagen que tienen de ellos mismos.




Por eso, y generalmente, padres muy autoritarios e inflexibles generan una tensión en sus hijos claramente manifestada en sentimientos de frustración, inseguridad y malestar. Lo mismo les pasa a personas juzgadas constantemente y sometidas a una exigencia de excelencia exacerbada, educadas en esa idea de que deben comportarse “a la altura” incansablemente, porque tienen dinero o son de una excelente familia. Esas condiciones someten al ser humano a vivir en escenarios donde la presión puede dar como resultado varias posibilidades.




Y si por alguna razón no encajamos o no cumplimos alguno de esos requisitos, sin el aliento fraternal de unos padres comprensivos, que se concentren en reforzar las virtudes más que en cuestionar los ‘errores’, la desazón experimentada puede resultar en un profundo rasgo en la personalidad, que más tarde desemboque en una baja autoestima y en un sentimiento de inferioridad o, por el contrario, de superioridad.




Así que cuando se encuentre cara a cara con alguien que le mire por encima del hombro, lo más seguro es que esa persona, de entrada, se está poniendo en un lugar mucho más alto del que en realidad cree que ocupa.




En tiempo de mareas bajas




Una baja autoestima, además de alimentarse de sentimientos de angustia, dolor, vergüenza y falta de ánimo, puede desencadenar en tendencias depresivas, estados cambiantes de ánimo, o por el contrario, delirios de grandeza que buscan ser el caparazón de los sentimientos reales.




Aunque en menor o mayor grado tales inseguridades y sentimientos de inferioridad son normales, evidentemente aquellas personas que por alguna razón los disfrazan de seguridad arrolladora y de un vasto amor propio, presentan un problema adicional, y es la sobredimensión de su ego.




De esta forma, no es raro que alguien con complejo de inferioridad muestre las pocas aptitudes para manejarlo, haciendo un movimiento de compensación hacia lo opuesto, o lo que algunos llaman ‘delirio de grandeza’.




Aun así, esta postura, más allá de generar soluciones, es una desviación del problema real. Y lo que generalmente oculta, es un deseo de mantener a raya a las demás, pues a quienes la padecen les interesa más no estar expuestos a la derrota que buscar un camino al éxito.




¿Inferioridad o superioridad?




Aunque son diferentes, la realidad es que estos dos complejos comparten una misma causa: el rechazo (en mayor o menor grado) por uno mismo. Aquellos individuos que los tienen están dados a la idealización de su persona, tratando desesperadamente de ser alguien diferente.




Pero si vamos a las características ostentadas por aquellos que se creen más que los demás, encontraremos que están un poco llevados por la idea de acaparar la atención a toda costa, seguramente como consecuencia de lo poco que recibieron en sus entornos familiares.




Y como en el fondo son personas inseguras, aquellos con ínfulas de realeza buscarán refugiarse en actividades donde tengan alguna ventaja para demostrar qué tan buenos son.




Sin embargo, ninguna de las dos condiciones puede considerarse trastornos de la personalidad, pero sí es oportuno asistir a terapia para poder ir al fondo de los acontecimientos y atacar desde allí al desequilibrio en la autoestima y la imagen que se tiene de sí mismo. Además, fácilmente este delirio de superioridad puede ser señal de un trastorno mucho más acentuado como lo es el narcisismo, una tendencia de la que también hace parte la megalomanía. Caracterizadas las dos por constantes delirios de grandeza, creerse los más bellos o mejores y ansias de ser el centro de atención a toda hora.




Así mismo, estas personas buscan no perder el control de las situaciones porque sienten un miedo terrible de que esto pase. Saben que no están a gusto consigo mismas, pero revelarlo ante los demás no es un plan que les llame mucho la atención.




Los rasgos detrás del delirio




Desde la forma de mirar, comportarse y tratar a los demás, están latentes las características de quienes ‘levitan’ en vez de caminar. Lo primero que entendemos de sus ademanes displicentes es que sus sentimientos de inferioridad se los tiran de rebote a los demás, viéndolos a todos como si fueran unos ‘bichos’ de laboratorio.




Suelen ser arrogantes, vanidosos y excesivamente preocupados por el ‘qué dirán’; poseen una opinión sobredimensionada de sí mismos e incluso algunos visten de forma extravagante con el fin de llamar la atención.




Es normal que sean un poco retraídos socialmente, pues a nadie le cae bien entablar una conversación con alguien que se considere mejor dotado que el resto de la humanidad. Además, suelen ser compañeros muy exigentes y difíciles de complacer. Eso sin contar con que caen fácilmente en la tendencia de criticarlo todo.




También son bastante apasionados con sus emociones y les es fácil reventar en cólera por cualquier nimiedad. No obstante, el entusiasmo desmedido también es propio de su comportamiento. Las personas con delirio de grandeza suelen compartir comportamientos como carcajearse constantemente en público y convertir cualquier conversación en la oportunidad perfecta para hablar de sí mismos.




Y es cierto que aunque algunas personas con talentos especiales pueden presentar este tipo de complejo, por lo general se trata de un libreto bien creado y apoyado en ideas exageradas de los propios puntos fuertes, para, como ya dijimos, ocultar esa inseguridad que sienten ante sus propias capacidades.




Lo cierto es que aunque para el entorno sean seres humanos molestos, las verdaderas consecuencias de mostrar esos comportamientos son endosadas a ellos mismos, pues aunque exista alguien que los aguante y quiera ayudarlos, es difícil que acepten que tienen un problema.




Muy seguramente piensan que todo el mundo les tiene envidia y que ese es el motivo primordial para quererlos confundir. Así pues, los expertos en sicología aconsejan mejor no tocarles el tema directamente y mostrar mucho tacto y diplomacia, si la decisión es intentar bajarlos de la nube.




Resumiendo, podría decirse que buena parte de las personas que se creen superiores, realmente han dejado mal resuelto algún sentimiento de inferioridad originado en su infancia o en su adolescencia, y para ocultarlo maximizan ciertos rasgos de ellos que consideran importantes. Por eso es normal que las actitudes arrogantes los acompañen.




No se deje confundir, todo aquel que necesite exhibir con cualquier tipo de alardes su superioridad, trae por sombra una maraña de inseguridades. Aunque no precisamente todos los prepotentes o ‘creídos’ padezcan este complejo, sí se puede decir que su personalidad sufre algún tipo de distorsión.










UNA CARICIA A LA AUTOESTIMA




Como esta característica de nosotros, los seres humanos, es moldeada desde los primeros años, vamos a recopilar unas recomendaciones para que los padres tengan guías generales sobre el tema.




Una de las actitudes más importantes, es que al acompañar el proceso de aprendizaje de nuestros hijos, debemos tener en cuenta que aceptarlos y apoyarlos, tanto en sus cualidades como en sus defectos, es de vital importancia.




Cuando logramos delinearles límites y pautas claras, que vinculen el respeto y la importancia por los demás, estaremos contribuyendo a que su reflejo en los otros sea favorable.




También nos alejaremos de una excesiva permisividad, que a la larga, según los expertos, se relaciona con conductas negativas, agresivas e impulsivas que no les permitirán aceptar adecuadamente las frustraciones que enfrenten más adelante.




Sin embargo, como ya lo sabemos, los límites solo son saludables cuando generan expectativas fáciles de alcanzar. Recuerde que las normas demasiado estrictas son muy problemáticas, pues alientan las conductas ansiosas y reprimidas.




El exceso de mimos y la oposición de los padres a que los hijos se vean cara a cara con la verdad del mundo, también son causa para que más tarde, cuando sean adultos, tengan problemas con su imagen dentro de la comunidad. Por eso, lo fundamental es tratar de ser lo más equilibrados y justos posible. Así como no es bueno estar endiosando a nuestros hijos, apartándolos de la realidad del resto de mortales, tampoco es más efectivo desconocer sus logros y demeritar lo que para ellos es importante.




Darles la posibilidad de sentirse bien con ellos mismos, es uno de los pasos que siguen aquellos padres interesados en conocer a fondo a sus hijos, y casualmente, los más comprometidos con su crianza.

El Big Data será clave en la medicina del futuro

¿Sabías que tu Smartphone podrá controlar enfermedades gracias al Big Data? Será clave en la medicina del futuro altamente personalizada

El Big Data será clave en la medicina del futuro. 



Fuente: Shutterstock

El Big Data consiste en recolectar, almacenar, interpretar y visualizar gráficamente grandes volúmenes de datos utilizados con múltiples fines. Su aporte a la medicina es particularmente importante porque permitirá crear patrones para anticiparse a enfermedades, un avance que ya se está implementando. Tu Smartphone será una pieza fundamental en la medicina del futuro, pues recopilará datos de tu salud en tiempo real para recibir una atención altamente personalizada por parte de tu doctor.

Tu salud en tus manos

La prevención de enfermedades incluso antes de su diagnóstico, será una realidad cuando las aplicaciones móviles analicen tus genes y adviertan niveles de riesgo en el desarrollo de patologías específicas. Probablemente obtengas informes sobre tu salud sin ir a una consulta médica para hacer un chequeo general, además de acudir a tu doctor con información sumamente detallada sobre tu estado físico o mental para que sea analizada por especialistas.

El Big Data pondrá a disposición una cantidad de datos que ni siquiera imaginamos, acompañado de una disminución de los costos de las tecnologías que existen actualmente en relación con estos avances pero solo accede una minoría de la población. Cuando las masas tengan aplicaciones y tecnologías altamente especializadas para monitorear su salud, el volumen de datos médicos se disparará y la disciplina del Big Data requerirá un gran número de profesionales para lidiar con la inminente realidad.

Los wearables o dispositivos digitales que forman parte del atuendo diario comienzan a aflorar en el mercado para recopilar datos del paciente en intervalos de tiempo. Desde relojes para cortar los temblores del párkinson cuando se escribe hasta monitores de actividad física para tus entrenamientos en el parque (medidores de oxígeno, pulso cardíaco, calorías quemadas). Actualmente los más sofisticados y útiles son caros para el ciudadano promedio, pero su progresiva accesibilidad será otro generador de un volumen incalculable de datos que solo el Big Data será capaz de controlar.

Big Data en la genómica

La genómica es el análisis de los genomas –conjunto de genes así como su ubicación dentro de una célula- y su aplicación en terapias o biotecnología. Los avances en tecnología y Big Data están revolucionando esta área de la investigación médica porque ya se puede prevenir enfermedades gracias al análisis genético que determina probabilidades de riesgo. Si en el futuro se incluye la interpretación de estos datos en cualquier consulta médica, el doctor tendrá una visión más amplia de la salud del paciente, logrando una personalización absoluta.

Hoy en día no solo se identifica pacientes cuyos genes indican el futuro desarrollo de una patología, sino que facilita la clasificación de enfermedades en subtipos que permiten escoger tratamientos más especializados. Cuanto más se avance en la genómica con el respaldo del Big Data, mayor será el número de curados en enfermedades complejas como el cáncer o la diabetes, reconociendo casos atípicos y limitando la exposición del paciente únicamente a las pruebas que sean necesarias.

Por otra parte, el Big Data acarrea conflictos que se intensificarán con el paso del tiempo, como la privacidad de los datos sensibles de los pacientes. Las tecnologías que propicien el estudio de la información de cada persona, deberán garantizar su privacidad para que el flujo de datos no se filtre en ámbitos indeseados. Los médicos deberán enfrentar respuestas en lugar de preguntas, pues los pacientes acudirán a consulta con conocimiento sobre sus genes, síntomas y enfermedades. Se desatará una batalla entre los profesionales y la tecnología en Wearables o teléfonos inteligentes según la credibilidad del paciente, que solo podrá solventarse si los médicos utilizan la tecnología a su favor.

Síndrome de Estocolmo

  1. Síndrome de Estocolmo

    El síndrome de Estocolmo es una reacción psicológica en la que la víctima de un secuestro o retención en contra de su voluntad, desarrolla una relación de complicidad y un fuerte vínculo afectivo1​ con su captor. Principalmente se debe a que malinterpretan la ausencia de violencia contra su persona como un acto de humanidad por parte del agresor.1​ Según datos de la Federal Bureau of Investigation (FBI), alrededor del 27 % de las víctimas de 4700 secuestros y asedios recogidos en su base de datos experimentan esta reacción.1​ Las víctimas que experimentan el síndrome muestran regularmente dos tipos de reacción ante la situación: por una parte, tienen sentimientos positivos hacia sus secuestradores; mientras que, por otra parte, muestran miedo e ira contra las autoridades policiales o quienes se encuentren en contra de sus captores. A la vez, los propios secuestradores muestran sentimientos positivos hacia los rehenes.1

    Índice

    Causas

    En la bibliografía sobre el tema, se mencionan varias posibles causas para tal comportamiento:
    • Tanto el rehén o la víctima como el autor del delito persiguen la meta de salir ilesos del incidente, por ello cooperan.
    • Los rehenes tratan de protegerse en un contexto de situaciones que les resultan incontrolables, por lo que tratan de cumplir los deseos de sus captores.
    • Los delincuentes se presentan como benefactores ante los rehenes para evitar una escalada de los hechos. De aquí puede nacer una relación emocional de las víctimas por agradecimiento con los autores del delito.
    • Con base en la historia de desarrollo personal, puede verse el acercamiento de las víctimas con los delincuentes, una reacción desarrollada durante la infancia. Un infante que percibe el enojo de su progenitor, sufre por ello y trata de «comportarse bien», para evitar la situación. Este reflejo se puede volver a activar en una situación extrema.
    • La pérdida total del control que sufre el rehén durante un secuestro es difícil de asimilar. Se hace más soportable para la víctima convenciéndose a sí misma de que tiene algún sentido, y puede llevarla a identificarse con los motivos del autor del delito.
    • Este comportamiento surge debido a la presión psicológica que tiene el rehén al saberse aislado, abandonado, amenazado y quizás olvidado por la policía.

    Historia


    Patricia Hearst durante el atraco protagonizado por el SLA en el Banco Hibernia.

    El 23 de agosto de 1973, Jan Erik Olsson intentó asaltar el Banco de Crédito de Estocolmo, en Suecia. Tras verse acorralado tomó de rehenes a cuatro empleados del banco, tres mujeres y un hombre. Entre sus exigencias estaba que le trajeran a Clark Olofsson, un criminal que en ese momento cumplía una condena. A pesar de las amenazas contra su vida, incluso cuando fueron obligados a ponerse de pie con sogas alrededor de sus cuellos, los rehenes terminaron protegiendo al raptor para evitar que fueran atacados por la policía de Estocolmo.2​ Durante su cautiverio, una de las rehenes afirmó: «No me asusta Clark ni su compañero; me asusta la policía». Y tras su liberación, Kristin Enmark, otra de las rehenes, declaró: «Confío plenamente en él, viajaría por todo el mundo con él».3​ El psiquiatra Nils Bejerot, asesor de la policía sueca durante el asalto acuñó el término de Síndrome de Estocolmo para referirse a la reacción de los rehenes ante su cautiverio.3

    Un año después, en febrero de 1974, Patricia Hearst, nieta del magnate William Randolph Hearst, fue secuestrada por el ejército Simbionés de Liberación. Dos meses después de su liberación, ella se unió a sus captores, ayudándolos a realizar el asalto a un banco. Este caso le dio popularidad al término de "Síndrome de Estocolmo", al intentar ser usado por su defensa durante el juicio, pero no fue aceptado por el tribunal y Hearst fue condenada por el atraco.3

    Situaciones

    De acuerdo con el psiquiatra y catedrático de Medicina Social Nils Bejerot, asesor de la Policía sueca durante el secuestro, el síndrome de Estocolmo es más común en personas que han sido víctimas de algún tipo de abuso, tal es el caso de:[cita requerida]

    Otros usos

    Fuera del contexto criminal, una forma de que el síndrome puede ocurrir es en el entrenamiento militar básico, en el cual este es una experiencia ligeramente traumática con la meta de crear vínculos en las unidades militares, que seguirán siendo leales entre sí, aún en situaciones de peligro de muerte

    Igualmente, los efectos del sistema de las «novatadas» en la introducción a grupos (tales como fraternidades, secretas o no, las bandas y hermandades) se han comparado a este síndrome. En la antropología cultural un síntoma similar común es la captura de la novia.

    La lealtad a un abusador más poderoso —a pesar del peligro en que esta lealtad pone a la víctima de abuso— es común entre víctimas de abuso doméstico, los maltratados y el abusador de niños (infantes dependientes). En muchos casos las víctimas eligen seguir siendo leales a su abusador, y eligen no dejarlo, incluso cuando se les ofrece un lugar seguro en hogares adoptivos o casas de acogida. Este síndrome fue descrito por los psicoanalistas de la escuela de la teoría de las relaciones objetales (véase Ronald Fairbairn) como el fenómeno de la identificación psicológica con el abusador poderosa.

    Síndrome de Estocolmo Doméstico

    El Síndrome de Estocolmo Doméstico (SIES-d), también llamado “Síndrome de la mujer u hombre maltratada/o”, se da en mujeres u hombres maltratadas/os por sus parejas sentimentales con las que mantienen un vínculo de carácter afectivo.

    El SIES-d plantea que la persona víctima del maltrato por parte de su pareja llega a adaptarse a esa situación aversiva que se da, incrementando la habilidad para afrontar estímulos adversos y la habilidad de minimizar el dolor. Estas personas suelen presentar distorsiones cognitivas como son la disociación, la negación o la minimización. Esto les permite soportar las situaciones e incidentes de violencia que se ejerce sobre ellas/os.

    Origen de la denominación

    Su denominación está vinculada con el Síndrome de Estocolmo, que fue definido a partir de un concreto incidente en el que tras un atraco a un banco de Estocolmo, “una cajera se enamora de uno de los atracadores. Sandor Ferenczi (1873-1933) llamó a este mecanismo de defensa identificación con el agresor, vínculo que se crea cuando una persona se encuentra impotente frente a su agresor en una situación donde su vida corre peligro"4​ Se trata de un mecanismo de supervivencia que se crea en la mujer víctima de maltrato para convivir con la repetida violencia que su pareja ejerce sobre ella. Se denominó así a este proceso que se da en la mente de la víctima. Por ello también se le ha llamado Síndrome de Estocolmo Doméstico al proceso mental que sufre una mujer víctima de maltrato por parte de su pareja sentimental.
    Fue formulado por Leonare Walker en Estados Unidos en 1979, quien lo usó para describir las secuelas psicológicas que se daban en las mujeres víctimas de violencia de género.5​ El origen de la formulación de este Síndrome estaría fundamentado en la “Teoría de la Indefensión Aprendida”.

    Dicha teoría toma como fundamento experimentos realizados por Martin Seligman, los cuales tuvieron incluso repercusión para el análisis de la depresión en los seres humanos. El autor partió del estudio de perros que fueron sometidos a choques eléctricos intermitentes. Estos choques se daban de forma discontinua y al azar cuando los perros se aproximaban a buscar sus alimentos, este procedimiento les produjo una conducta, la cual les hacía arrinconarse en una esquina de su jaula a la que denominaremos “esquina segura”. Permanecían en esa esquina segura hasta que decidían volver nuevamente a la búsqueda de los alimentos y a veces recibían choques y otras no. Como resultado de este proceso se crearon sentimientos de incertidumbre al mismo tiempo que los perros se volvían más dependientes del propio experimentador. A razón de estos resultados se estableció un paralelismo entre la conducta aprendida desarrollada por estos perros y la conducta de la mujer maltratada. También se han dado algunas posiciones críticas que defendían que la incertidumbre asociada a la repetida violencia e intermitente es un proceso clave en el desarrollo del vínculo, pero que sin embargo de ninguna manera puede ser el único.6

    Ubicación como “Trastornos Disociativo no especificado”

    El síndrome que nos ocupa no ha sido caracterizado como entidad diagnóstica en la última edición de 1995 del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM IV), pero sí se lo reconoce como fenómeno psicopatológico de plataforma traumática: “En el que se induce al agredido a un modelo mental, de naturaleza cognitiva y anclaje contextual” (Montero Gómez, 1999). Montero ha introducido a este Síndrome dentro de la clasificación de “Trastornos disociativo no especificado” del manual “DSM IV”.
    El autor ha descrito el SIES-d como “un vínculo interpersonal de protección, construido entre la mujer y su agresor, en el marco de un ambiente traumático y de restricción estimular, a través de la inducción en la mujer de un modelo mental (red intersituacional de esquemas mentales y creencias). La mujer sometida a maltrato desarrollaría el Síndrome de Estocolmo para proteger su propia integridad psicológica y recuperar la homeostasis fisiológica y conductual." (Montero Gómez, 1999).7
    Según Dutton y Painter (1981),8​ el Síndrome de Estocolmo entendido en el ámbito domiciliar surge de una forma determinada. Estos autores han descrito un escenario en el que dos factores, el desequilibrio de poder, por un lado, y la suspensión en el tratamiento bueno-malo, por el otro, generan en la mujer maltratada el desarrollo de un lazo traumático que la une con el agresor a través de conductas de docilidad, donde el abuso crea y mantiene en la pareja una dinámica de dependencia debido a su efecto asimétrico sobre el equilibrio de castigos. Este sentimiento de dependencia camina hacia la identificación con el agresor, a la justificación de sus actos y por último a “ponerse de su lado”.
    A pesar de que el adjetivo “doméstico” a veces es entendido como el espacio de convivencia familiar, éste hace referencia en el Síndrome de Estocolmo Doméstico a muchos más ámbitos que el propio domicilio donde puedan convivir la pareja. La conducta de maltrato es llevada a cabo muchas veces en el hogar, pero también lo es fuera de él. Por ello, es importante no confundir el término “doméstico” cuando hablemos de este Síndrome: (SIES-d).

    Fases

    El síndrome viene determinado por una serie de cambios y adaptaciones que se dan a través de un proceso formado por 4 fases a nivel psicológico en la víctima de maltrato por parte de su pareja.
    Estas cuatro fases son:91011
    Desencadenante: los primeros malos tratos rompen el sentimiento de seguridad y la confianza que la mujer tiene depositada en su pareja. Se produce entonces desorientación, pérdida de referentes e incluso depresión.
    Re orientación: la mujer busca nuevos referentes, pero su aislamiento es cada vez mayor. Normalmente a estas alturas se encuentra prácticamente sola con el exclusivo apoyo de la familia. La víctima no tiene con qué comparar o con quién al estar aislada.
    Afrontamiento: la mujer percibe la realidad de forma desvirtuada, se autoinculpa de la situación y entra en un estado de indefensión y resistencia pasiva. El agresor la hace sentir culpable. Entra en una fase de afrontamiento donde asume el modelo mental de su pareja, tratando de manejar la situación traumática.
    Adaptación: la mujer proyecta la culpa hacia otros, hacia el exterior (locus de control externo) y, el Síndrome de Estocolmo Doméstico se consolida a través de un proceso de identificación con el agresor.
    Sobre este tema Vallejo Rubinstein señala que el “desconocimiento de estos procesos y de sus secuelas hace que muchas veces las mujeres agredidas sean tratadas y retratadas como masoquistas, locas o histéricas a las que les gusta que les peguen. Como explica Rojas Marcos, a la hora de analizar las representaciones que se hacen de víctimas y agresores (especialmente de los medios de comunicación que raramente toman en cuenta o narran estos procesos), la mujer sale mucho peor parada que el agresor, que suele aparecer como un señor normal, que nunca ha sido violento según los vecinos y testigos, no el monstruo que uno espera, versus una mujer desencajada y fuera de sí que lo provoca con sus comportamientos (1995, p.34). Esta concepción patológica de la mujer objeto de abuso es sólo una de las muchas imágenes o estereotipos que circulan en la sociedad respecto a víctimas y agresores”.12

    Bibliografía

    • ESCUDERO NAFS, Antonio; POLO USAOLA, Cristina; LOPEZ GIRONES, Marisa y AGUILAR REDO, Lola. La persuasión coercitiva, modelo explicativo del mantenimiento de las mujeres en una situación de violencia de género: I: Las estrategias de la violencia. Rev. Asoc. Esp. Neuropsiq. [online]. 2005, n.95 [citado 2014-05-14], pp. 85-117. Disponible en: [3]
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    Hermeida, Susana: Manual de Victimología. 2.ª Edición, CISE, Solo Soluciones. Universidad de Salamanca, 2012. Disponible en: [4]
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    • Lucero, María Karina: “Ley 9.283 como otro factor que impide salir de la violencia doméstica.” Centro de Protección Familiar, 2010, Argentina, Disponible en: [6]
    • Vallejo Rubinstein, Claudia: “Representación de la violencia contra las mujeres en la prensa española”(El País/ El Mundo) desde una perspectiva crítica de género. Un análisis crítico del discurso androcéntrico de los medios”, Trabajo de investigación, Universidad Pompeu Fabra, 2005. Disponible en: [7]

    Referencias


  2. (en inglés) de Fabrique, Nathalie; Romano, Stephen J.; Vecchi, Gregory M.; van Hasselt, Vincent B. (julio de 2007). «Understanding Stockholm Syndrome». FBI Law Enforcement Bulletin (Law Enforcement Communication Unit) 76 (7): 10-15. ISSN 0014-5688. Archivado desde el original el 23 de noviembre de 2012. Consultado el 10 de noviembre de 2012.

  3. (en inglés) «The six day war», artículo de Nils Bejerot, en Stockholm New Scientist, volumen 61, número 886, pág. 486-487, 1974.

  4. Los Ángeles press, ed. (2013). «Síndrome de Estocolmo: 40 años del secuestro que le dio origen.». Consultado el 30 de agosto de 2013.

  5. «Guía Práctica Clínica. Actuación en salud mental con mujeres maltratadas por su pareja. Servicio Murciano de Salud, 2010.».

  6. Lucero, María Karina. “Ley 9.283 como otro factor que impide salir de la violencia doméstica.” Centro de Protección Familiar, 2010, Argentina.

  7. López Aguilar, Jesús. «La Dinámica de la Violencia Doméstica.» Development Connections. Washington D.C. 2007.

  8. Montero Gómez, Andrés. «Síndrome de Adaptación Paradójica a la Violencia Doméstica: una propuesta teórica.» Clínica y Salud, vol. 12, núm. 1, 2001, pp. 6-8.

  9. Dutton, Donald G. y Painter, Susan. [file:///C:/Documents%20and%20Settings/derecho/Mis%20documentos/Downloads/DUTTON-PAINTER.-EMOTIONAL-ATTACHMENTS «Emotional Attachments in Abusive Relationships: A Test of Traumatic Bonding Theory.» Violence and Victims, Vol. 8, No. 2, 1993.]

  10. Laguna Hermeida, Susana. Manual de Victimología. 2.ª Edición, CISE, Solo Soluciones. Universidad de Salamanca, 2012. [1]

  11. «Página en campus.usal.es».

  12. MARTINEZ Q, Lucía W. «Rompiendo el silencio: del remanso romántico a la agitación de una violencia inesperada.» Rev. Vzlana. de Soc. y Ant. online. 2006, vol.16, n.47 citado 2014-05-14, pp. 607-640. ISSN 0798-3069.

  13. Vallejo Rubinstein, Claudia: “Representación de la violencia contra las mujeres en la prensa española (El País/El Mundo) desde una perspectiva crítica de género. Un análisis crítico del discurso androcéntrico de los medios”, Trabajo de investigación, Universidad Pompeu Fabra, 2005, disponible en [2]

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